La Guadalupana

Misión

Visión

Brindar a nuestros visitantes una estancia cálida, llena de respeto y confianza, fortaleciendo así su encuentro de fe con la Santísima Virgen de Guadalupe en el recinto religioso más importante de América Latina.Acercar a nuestros visitantes, la oportunidad de llevar en su memoria la historia del milagro guadalupano, contribuyendo de esta manera a su difusión en México y el mundo entero.

 

Historia

La historia de La Guadalupana comienza hace más de 50 años en los alrededores de la Basílica de Guadalupe. Leandrita era esposa del Sr. Felipe, un soldado retirado que se dedicaba a la venta de joyería.

Uno de los hermanos de Leandrita viajó a los Estados Unidos en busca de trabajo pero tenía meses sin poder conseguirlo por lo que le escribió a su hermana con la esperanza de que ella le enviara algo de dinero.  Leandrita se dedicaba enteramente al hogar y sabía que no podía pedirle el dinero a su esposo el Sr. Felipe pues se enfadaría y la respuesta sería negativa. A falta de un ingreso para tal circunstancia, Leandrita decidió  vender placas de latón que se amarraban con un listón a la muñeca. Primero las vendió a sus vecinos y familiares pero con el tiempo sus placas se hicieron famosas y tenía clientes de todo el país. El artículo resulto tener tal éxito que Leandrita decidió acercarse al único joyero que conocía para pedirle grabar las placas con los nombres de sus clientes, fue entonces que nació lo que hoy conocemos como esclava.

Cierto día se acercaron a ella unas personas que requerían les fabricará sus famosas esclavas, pero en lugar de latón querían que fueran de oro. Leandrita no supo decir que no, pero sabía bien que no tenía el dinero para comprar oro ya que todo lo que ganaba de la venta se lo mandaba a su hermano.  Con el paso de los días el Sr. Felipe se dio cuenta de que Leandrita le escondía algo y le exigió contarle lo que estaba sucediendo. Leandrita no pudo callar más y confesó a su esposo el problema en el que se había metido. Después de hacer el coraje de su vida y regañar a nuestra Leandrita, el señor Felipe meditó el asunto y decidió ayudarla, -“diles que tendrán sus placas sin falta en dos semanas”-.  Esto alivió enormemente a Leandrita y permitió el inicio de un negocio que crecería más y más cada día. El señor Felipe Ciceño, llego a tener veinte ayudantes para poder abastecer la demanda de las famosas esclavas.

Algunos años después el Sr. Ricardo hijo de Leandrita y el Sr. Felipe, desposó a una hermosa mujer, nuestra querida Doña Milita o como la conocía su familia Mama Milita.  

A Doña Milita y al Sr. Ricardo no les iba muy bien económicamente. Ya tenían un hijo de 3 años llamado Ricardo cuando Doña Milita decidió emprender un negocio en los alrededores de la Basílica de Guadalupe sin decirle a su esposo. Cuando el Sr. Felipe se enteró de esto, pego el grito en el cielo pues creía que el trabajo de las mujeres estaba en la casa. Advirtió a Doña Milita del problema en el que se había metido y prohibió a Leandrita el ayudarle con los quehaceres y el cuidado de su hijo. 

Doña Milita prometió a la Virgen de Guadalupe entregarle el dinero de su primera venta y así con mucha fe y fortaleza se aventuró en comenzar el negocio de su vida.

Un día llegó un cliente en busca de argollas de matrimonio. Mientras se probaba los diferentes modelos, una de las argollas se atascó en su dedo y por más que intentó sacarla no pudo hacerlo. De alguna manera el cliente creyó que era el destino y decidió comprar el par de argollas. De esta manera Doña Milita realizó su primera venta y como se lo había prometido a nuestra Señora de Guadalupe depositó el dinero en una de las urnas para la limosna que se encontraba en la antigua. 

Hay quienes creemos que este acto de fe formó un vínculo inquebrantable entre Doña Milita y La Virgen de Guadalupe.  Bendecida con el poder de la fe Doña Milita sacó el negocio adelante y lo hizo crecer año con año hasta convertirlo en lo que conocemos hoy como “La Guadalupana”.

La Guadalupana

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