El 3 de mayo es un día de gran riqueza en la Iglesia Católica. Aunque en México la atención suele centrarse en la fiesta de la Santa Cruz, el calendario litúrgico universal reserva esta fecha para honrar a dos amigos íntimos de Jesús: los Apóstoles Felipe y Santiago el Menor.
A diferencia de Pedro, que caminó sobre las aguas, o de Juan, que estuvo al pie de la cruz, Felipe y Santiago representan a la inmensa mayoría de los creyentes. Fueron hombres de fe constante, que trabajaron desde la discreción y cuya entrega silenciosa ayudó a transformar el mundo. Hoy conocemos un poco más de su historia.
Felipe: El apóstol que llevó a otros hacia la Luz
San Felipe era originario de Betsaida, el mismo pueblo de Pedro y Andrés. Su llamado fue directo y sin intermediarios; Jesús simplemente lo encontró y le dijo: «Sígueme».
Lo más hermoso de Felipe es su reacción inmediata: no se guardó la noticia para sí mismo. Fue a buscar a su amigo Natanael (Bartolomé) y le anunció que habían encontrado al Mesías. Cuando su amigo dudó, Felipe no discutió teológicamente, simplemente le dio la mejor respuesta que un católico puede dar: «Ven y lo verás».
A Felipe lo recordamos especialmente por su intervención durante la Última Cena. Con una sencillez entrañable, le pidió a Jesús: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Gracias a esa pregunta, Jesús nos dejó una de las revelaciones más grandes de [[La Santa Biblia]]: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre».
Santiago el Menor: La fe que se demuestra con obras
A este apóstol se le llama «el Menor» únicamente para distinguirlo de Santiago el Mayor (el hermano de San Juan). La tradición nos enseña que era pariente cercano de Jesús, hijo de Alfeo.
Después de la Resurrección, Santiago se convirtió en una figura monumental para la primera comunidad cristiana, siendo el primer obispo de Jerusalén. Su estilo era práctico, firme y profundamente preocupado por los más vulnerables. A él se le atribuye la Carta de Santiago en el Nuevo Testamento, un texto que sacude las conciencias con una verdad innegable: «La fe sin obras está muerta».
Santiago nos recuerda que no basta con rezar mucho si ignoramos al pobre que está a nuestro lado. Su vida fue un testimonio de coherencia hasta el último momento, cuando fue martirizado en Jerusalén por negarse a renunciar a Cristo.
¿Por qué se celebran juntos?
Es natural preguntarse por qué estos dos apóstoles, con misiones tan distintas, comparten la misma fiesta en el calendario. La razón es histórica. En el siglo VI, las reliquias de ambos santos fueron trasladadas a Roma y depositadas juntas en la recién consagrada Basílica de los Doce Apóstoles. Desde entonces, la Iglesia los venera en la misma jornada, como un hermoso símbolo de unidad en la diversidad.
…Para terminar
Felipe y Santiago nos demuestran que no necesitamos ser los protagonistas de la historia para ser santos. Dios necesita personas que, como Felipe, inviten a sus amigos a acercarse a la fe con un simple «ven y lo verás». Y necesita corazones que, como Santiago, demuestren su amor a Dios sirviendo al prójimo con obras concretas.
En La Guadalupana, te invitamos a profundizar en el mensaje de estos grandes hombres. Adquirir una Biblia para leer la Carta de Santiago o llevar una medalla de los Santos Apóstoles son formas excelentes de recordar que todos estamos llamados a construir la Iglesia desde nuestra vida cotidiana.
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es el patronazgo de estos apóstoles? San Felipe es el patrono de los sombrereros, los pasteleros y de varios países como Uruguay. San Santiago el Menor es considerado patrono de los farmacéuticos y de los fabricantes de sombreros.
¿Cómo murieron los apóstoles Felipe y Santiago? La tradición señala que San Felipe fue crucificado en Hierápolis (en la actual Turquía) durante sus viajes misioneros. Por su parte, San Santiago fue arrojado desde el pináculo del Templo de Jerusalén y posteriormente lapidado por las autoridades religiosas judías que se oponían al cristianismo.
¿Si el 3 de mayo es la Santa Cruz, a cuál fiesta se le da prioridad en Misa? En países como México, donde la Santa Cruz tiene el rango de «Fiesta» y un arraigo cultural inmenso, las parroquias celebran la misa con las lecturas y oraciones de la Cruz. La memoria de los apóstoles Felipe y Santiago se celebra en las regiones donde la Santa Cruz no tiene prelación local, o bien, los sacerdotes hacen una mención especial de ellos durante la liturgia.


