La Semana Santa ha comenzado y, tras el bullicio de las palmas de ayer, la liturgia nos regala hoy un momento de una intimidad sobrecogedora. El Lunes Santo nos traslada a una cena en Betania, en casa de los amigos más cercanos de Jesús: Lázaro, Marta y María.
En este escenario ocurre uno de los gestos más bellos de todo el Evangelio. María toma un frasco de perfume de nardo auténtico, de un valor altísimo, y lo derrama sobre los pies de Jesús, secándolos después con sus propios cabellos. No es solo un acto de cortesía; es una profecía silenciosa que hoy nos invita a reflexionar sobre la generosidad de nuestra propia fe.
El valor de lo «desperdiciado»
El perfume de nardo no era cualquier cosa. En aquel tiempo, trescientos denarios (el precio estimado del frasco) equivalían al salario de todo un año de un trabajador. Para los ojos del mundo, y especialmente para los ojos de Judas Iscariote, aquello fue un desperdicio. ¿Por qué no venderlo y dárselo a los pobres?
Jesús, sin embargo, defiende a la mujer. Él ve lo que Judas no puede: el corazón. Aquel perfume no se estaba perdiendo; se estaba entregando. María no dio lo que le sobraba, dio lo mejor que tenía para preparar el cuerpo de su Señor ante la sepultura que se aproximaba. Esta escena nos enseña que, ante Dios, nada de lo que se ofrece con amor es un desperdicio.
El cabello sobre los pies: Humildad Extrema
La imagen de María Magdalena —identificada por la tradición popular en esta escena de entrega total— soltando su cabello para secar los pies de Jesús es un símbolo de una potencia visual increíble. En la cultura de la época, que una mujer soltara su cabello en público era un gesto de una vulnerabilidad y humildad extremas.
Ella pone su dignidad a los pies del Maestro. Al ungir sus pies, está reconociendo que Jesús es el Mesías, el Ungido de Dios. La casa entera se llenó de la fragancia del perfume, tal como el testimonio de una vida entregada a Dios termina llenando de paz y buen olor todo su entorno. En La Santa Biblia encontramos que este aroma es el signo de la presencia divina entre nosotros.
Una invitación para nosotros
El Lunes Santo nos pregunta: ¿Qué perfume estamos ofreciendo nosotros al Señor en esta Semana Santa? A veces guardamos «nuestros mejores perfumes» (nuestro tiempo, nuestro talento, nuestro perdón) para ocasiones que nunca llegan.
Este es el día ideal para derramar ante el Sagrario nuestras preocupaciones y nuestro amor. No busquemos una fe calculada o «tacaña» que solo da lo mínimo indispensable. Busquemos la fe de Betania: una fe que se desborda, que no tiene miedo al juicio de los demás y que sabe que Jesús merece lo más costoso de nuestra vida.
…Para terminar
La unción en Betania es el preludio del sacrificio en la Cruz. Es el recordatorio de que el amor verdadero siempre es extravagante, siempre da de más. Al comenzar estos días santos, pidamos la gracia de tener un corazón como el de María: capaz de reconocer la grandeza de Jesús y de ofrecerle lo mejor de nosotros.
Si en tu hogar quieres crear un ambiente que invite a la oración en estos días, en La Guadalupana contamos con una selección de inciensos y aceites con fragancias bíblicas que te ayudarán a recordar este pasaje. Que el aroma de la devoción inunde tu casa en esta Semana Grande.
Preguntas Frecuentes
¿Fue María Magdalena la que ungió a Jesús? El Evangelio de Juan menciona específicamente a María de Betania (hermana de Lázaro). No obstante, la tradición católica ha vinculado a menudo este gesto con María Magdalena debido a pasajes similares en otros Evangelios. Lo fundamental es el gesto de amor y arrepentimiento que representa.
¿Qué es el nardo auténtico? Es un aceite esencial extraído de una planta que crece en el Himalaya. En la antigüedad era un artículo de lujo extremo por la dificultad de su transporte y su intenso aroma, que perduraba por mucho tiempo.
¿Por qué se celebra esto el lunes? Porque el Evangelio de Juan sitúa este evento «seis días antes de la Pascua». Litúrgicamente, nos prepara para entender que Jesús es el Ungido de Dios que va camino a su entrega final por nuestra Perdón y Reconciliación.

